1. La bicicleta también es un vehículo
Aunque muchos lo olvidan, la bicicleta se considera un vehículo a efectos de circulación. Por ello, los ciclistas deben cumplir las normas de tráfico igual que los conductores de coches o motos. Respetar señales, semáforos y prioridades no solo evita sanciones, sino que también salva vidas.
2. Uso obligatorio del casco
En vías interurbanas, el casco es obligatorio y en ciudad, altamente recomendable. Además, reduce de forma significativa la gravedad de los accidentes. Por lo tanto, invertir en un casco de calidad es una de las mejores decisiones para la seguridad personal.
3. Visibilidad en todo momento
Un ciclista debe ser visto de día y de noche. Por ello, el uso de chaleco reflectante en carreteras, así como luces delanteras y traseras, es fundamental. Así se incrementa la visibilidad y se reduce el riesgo de atropello.
4. Circulación por el carril adecuado
Siempre que exista carril bici, este debe usarse. En su ausencia, se debe circular por el arcén o la parte derecha de la calzada. Además, está prohibido ir por aceras salvo que una
señal lo autorice expresamente. De este modo, se protege tanto al ciclista como a los peatones.
5. Señalización de maniobras
Extender el brazo para indicar un giro o una detención es esencial para la convivencia vial. De este modo, los conductores anticipan la maniobra y se evitan choques. Recordemos que la comunicación es clave en la carretera.
6. Alcohol y móvil: enemigos al pedalear
Circular en bicicleta bajo los efectos del alcohol o distraído con el móvil es igual de peligroso que hacerlo en coche. Por eso, la responsabilidad debe ser máxima: mantener la atención en la vía garantiza un trayecto seguro.


